miércoles 15 de julio del 2020

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La ausencia de aplausos se adueña de las tardes

19:01 horas del miércoles 13 de mayo. Tras sesenta días y algunas horas de confinamiento por la COVID-19 me acerco a la ventana y compruebo que ya nadie aplaude. Parece que está más de moda eso que llaman cacerolada pero que aún no ha llegado a la capital de Lanzarote.

Unos segundos después, se oye un aplauso solitario. Aún queda alguien. No dura mucho pero la conclusión es clara, ya nadie aplaude en Arrecife. El solitario aplauso fenece en pocos segundos. Se convierte en un recuerdo perdido entre el sonido de la ciudad que hasta hacía poco dormitaba y que, su despertar, mezclaba alegría y esperanza con tristeza eterna.

Pero seguimos atizados por el coronavirus, en fase uno o en fase 2, la que está rozando La Graciosa, seguimos dependiendo de si un bichito procedente de China se extiende más o menos entre nosotros.

Causa desazón no escuchar esos aplausos. Reconozco que son pocas veces las que he aplaudido pero por cuestiones laborales, si estás haciendo fotos o videos no puedes aplaudir. Pero mi felicitación a sanitarios y demás profesiones que nos han ayudado en este tiempo es de sobra conocida. Los admiro sin miramientos. Y ver que ya casi nadie aplaude me causa tristeza por lo vivido y por lo que viviremos.

Al final, España, país grande y con historia, ha caído en lo de siempre, en la verdadera enfermedad del siglo XXI, el pan y circo romano actualizado y degenerado más que nunca, nos hemos convertido es un país “futbolizado”. Y eso ha podido hasta con los aplausos.

Todos esos sanitarios han luchado y siguen luchando por nosotros. Y en un futuro breve seguirán luchando porque muchos de los ciudadanos han sido unos irresponsables. Han cobrado menos de lo que merecen. Han puesto en peligro a sus seres más queridos. Han tenido jornadas maratonianas. No les han protegido como debían y muchos han caído enfermos, sino muertos por ayudar a los demás, irresponsables o no.

Y nosotros ya no aplaudimos, porque unos dicen que es aplaudir al gobierno y otros los contrario. Porque los de izquierdas jamás admitirán los fallos del gobierno y los de derechas jamás admitirán los aciertos del mismo. La “futbolización” ha llegado al extremo de las faltas de respeto a los fallecidos, de los intereses personales de políticos malnacidos antes que del pueblo. Se podrían escribir muchas líneas mirando a un lado o a otro pero también mirando al ciudadano poco ejemplar.

Y no aplaudimos porque salimos a caminar, a hacer deporte, a comprar, a más de lo que deberíamos. La cuestión es que no aplaudimos. Es como si el cambio de fase conllevará al cambio de pensamiento. Pasan cuatro jovencitas por debajo de mi ventana. Sin mascarillas ni guantes ni sentido común. Se les escucha contentas, vestida casi solo con su móvil y su irresponsabilidad que quizás haga que algunos de nuestros seres cercanos se contagie de coronavirus. El egoísmo del animal humano, en definitiva. Así nos ha ido, así nos va y, lamentablemente, así nos irá.

Desde aquí mi aplauso más sincero, hasta doler las palmas de las manos, a los sanitarios y a todo aquel que lucha por hacernos la vida un poquito mejor.

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