miércoles 28 de septiembre del 2022

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El infortunio del rugby canario por Rafael Muñoz Abad

Históricamente las islas han sido afortunadas en varios aspectos. Siendo la benévola climatología que las envuelve su mejor carta de presentación. Mientras la España continental se abriga, aquí se disfruta de una eterna primavera. Aunque hay algo más allá aparte de sol y playas de todos los colores; gentes hospitalarias; grandes contrastes paisajísticos; vinos y mejores quesos; tradicional paraíso de compradores de perfumes; vicios legales, y aparatejos electrónicos; ¡que isleños estos cuyos taxis son todos Mercedes!.

¿Pero que sabemos de su rugby?.

Para ser honesto, el rugby canario aún se mantiene en estado embrionario. Si a nivel nacional es el gran olvidado; el último reducto deportivo en el que nos falta reinar, la situación a nivel local no deja de ser una excepción. El  rugby en canarias germinó en las frías, sombrías, y tristes tardes de La Ciudad de los Adelantados [La Laguna], actual Patrimonio de la Humanidad. De sus claustros, sus bachilleres, y sus universitarios, germinó en aquel entonces el inexcusable deber de todo universitario que se precie; probar esa disciplina del jersey a rayas. Y así fue como a inicio de los años 80, aún en blanco y negro, el equipo de rugby de la Escuela Superior de Náutica, y su quince de tres cuartos peludos, empezaron a ejercitar sus habilidades sobre una finca de papas [patatal en la desviación peninsular] con postes; les siguieron los maestros Don Jaime Mir, Antonio Cáceres, Severino, y los sempiternos hermanos de Cossio; elegantes jugadores de trazo largo, espigada figura, pobladas patillas, y melancólico aspecto del más genuino rugby gales de los años 70; todos patrimonio vivo del rugby tinerfeño.

Los años 90 verían El Dorado del oval tinerfeño. Por aquel entonces, El Cinco Facultades ya enfrentaba sobre el magnífico césped de La Universidad de la Laguna, a Bellas Artes y sus no tan bellas artimañas; al poco delineado rugby de Aparejadores; a la precisión a la mano del Ciencias RC; a la rabieta constante de Bardinos FRC; y al poco higiénico rugby de Ciencias de la Salud. ¡Qué equipo aquel de Ciencias RC que no perdió un solo partido en más de tres años!.

Con el tiempo la hegemonía cruzaría el mar hacia el hemisferio Gran Canario; con el Club de Rugby Las Palmas, que se erguiría como el máximo exponente del rugby isleño; incluso llegando a tener representación a nivel nacional durante varias temporadas. No me olvido del histórico Club de Rugby Universidad de Las Palmas, ahora Atlántico Club de Rugby; de Ñandú Rugby Club en el sur de Tenerife; o de románticas y fugaces existencias como el Unión Club Rugby Amistad de Las Palmas; o la pasional intentona de Rafa El Boer, para aunar bajo la denominación de origen “XV colonos”, a un grupo de galeses, ingleses, un kiwi trasnochado, un ex paracaidista sudafricano, españoles, una legión de franceses, y el irremediablemente necesario argentino de turno, que aglutinase el guiso del sur de Tenerife.

A día de hoy, y tras un incierto periodo de desorganización y abandono, la travesía del desierto va descubriendo algún oasis, y el panorama parece ir saliendo de la UVI oval que muchos predestinábamos. El rugby ha florecido en los secarrales de Fuerteventura y Lanzarote con dos equipos estables y orgullosos; el hegemónico Club de Rugby las Palmas y su vecino mantienen su codo a codo; y el decano del oval canario, el Club de Rugby Universidad de La Laguna, se encumbra como líder y representante histórico de este noble ejercicio en el Archipiélago Canario.

Continuador de la más genuina y romántica estela del rugby de siempre; con un polo a la antigua usanza; con un campo como Webb Ellis manda; y con una climatología que invita a jugar. Aún recuerdo a un ex seleccionador nacional de visita en canarias, que al ver una competición del deporte vernáculo [entiéndase la Lucha Canaria], quedó impactado por el tamaño de los luchadores; no dudando en afirmar que si le dejaran trabajar aquí, formaba una primera línea de Copa del Mundo.

A día de hoy jugamos una liga de seis equipos entre nosotros; aprovechando la visita de algún equipo británico de vacaciones, para dar un soplo de aire fresco a nuestra competición, caso de los Burnley RFC, o la marinería del portaaeronaves británico HMS Invinceble de paso por Tenerife; y cuando la economía lo ha permitido, alguna gira peninsular, británica, o una exótica aventura como el Artic Rugby 2006, donde El Club de Rugby Universidad de La Laguna obtuvo un meritorio segundo lugar.

Como cierre a cada temporada, El Club de Rugby Universidad de La Laguna rinde honores a su más orgullosa tradición; convocando a los miembros del Club de Rugby El Bastón. Orden íntimamente ligada a las disciplinas de la caballería andante, la acumulación de lesiones, y con el noble objeto de ajusticiar sobre el césped a los jóvenes imberbes recién iniciados. Conocedores de lo modesto de nuestra competición, de lo poco o nada que representamos para la Federación Española de Rugby, seguimos ilusionados, dando la bienvenida a todo aquel que decide unirse a alguno de los equipos; poniendo dinero de nuestros bolsillos; y luchando para que el espíritu del rugby en canarias siga creciendo.

 

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