martes 15 de junio del 2021

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Un amor eterno entre libros y bambalinas con Jane Fonda de testigo

A nadie se le escapa que los libros esconden historias de múltiples formas. Pueden ser libros de hace cuatrocientos años o pueden ser jovenzuelos recién salidos de la imprenta.

Las historias las podemos encontrar entre sus páginas pero también en su historia previa, en la propia historia del autor, del encuadernador, del diseñador, en su olor, en su posible secuela cinematográfica, en definitiva, cada libro tiene vida eterna.

Hace tan solo unos días, un encantador de libros llamado Alexis, soñador aderezado con locura que abría hace poco tiempo una tienda de venta y compra de libros de segunda y/o sucesivas manos, me consiguió un caramelo irrechazable para un cinéfilo como el que esto suscribe, las memorias de Jane Fonda.

En este caso son mil historias las que pacen en su interior, unas cuantas más las que se desprenden de su portada con una Jane Fonda madura y cautivadora como siempre. Pero el regalo del destino lo encontramos en la primera página, la destinataria de las firmas y las dedicatorias, el salvavidas o el acicate de amantes, amigos y demás fauna lectora.

En esas páginas nos podemos encontrar de todo. Ya de por sí encontrar una dedicatoria en un libro de segunda mano le otorga un encanto especial, un halo de misterio atrayente para los curiosos. Palabras dedicadas que a saber cómo nacen y, sobre todo, a saber qué pretendían. Pueden ser herederas de algunos enamoramientos en vías de extinción o, todo lo contrario, un ramo de flores con forma de acumulación de palabras que la media naranja recibirá como agua de lluvia en mitad del desierto. Puestos a elucubrar, la dedicatoria puede ser una arenga de un padre a sus hijos, un mensaje amistoso para ese amigo al que gusta perderse entre papel y tinta o un aullido de socorro para el que ve como pierde a un ser querido. Se trata de una amalgama tal de posibilidades que demuestra que abriendo la primera página de un libro de segunda mano ya consigue hacer volar tu mente sin excesivo esfuerzo.

Las Memorias de Jane Fonda esconden una dedicatoria de un tal Ricardo a su “peque” en lo que parece ser un regalo de Reyes en el año 2006. Catorce años después sus palabras retumban con la banda sonora del amor verdadero, ese que, sempiterno, no duda ante los baches del tiempo.

Para todo aquel que quiera saber que palabras escondía ese regalo amoroso de Reyes solo tiene que seguir leyendo y seguir creyendo:

 

Reyes 2006

Treinta años, peke, treinta años no es nada, joder.

Comienzo como un tango, que maravilloso periplo. En el año 2036, si sigo en la brecha, te prometo, seguir como hasta ahora, queriéndote como se merece la mejor compañera del mundo.

Tu Ricky

Ricardo, 06-01-06

 

 

 

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