Julio Llamazares recibe el Premio Nacional de Narrativa 2026

Julio Llamazares ha recibido el Premio Nacional de Narrativa 2026 por El viaje de mi padre, una novela en la que el escritor leonés regresa a uno de los territorios que mejor conoce: la memoria, el paisaje y las heridas que el tiempo no consigue borrar. El galardón, concedido por el Ministerio de Cultura y dotado con 30.000 euros, reconoce una obra que convierte la historia familiar en un viaje por la España que quedó marcada por la Guerra Civil.

Nacido en Vegamián, León, en 1955, Llamazares lleva casi medio siglo escribiendo contra el olvido. Poeta, novelista, periodista, cronista y guionista, su literatura ha tenido siempre algo de viaje hacia lugares que desaparecen, pueblos que se vacían, paisajes que guardan más memoria que los hombres y personajes condenados a convivir con aquello que les ocurrió.

Julio Llamazares foto editorial rimpego

 

El viaje de mi padre parte de una historia familiar. Llamazares reconstruye el itinerario que siguieron su padre y un compañero radiotelegrafista, Saturnino, al comienzo de la Guerra Civil. En 1937, con apenas 18 años y estudiantes de Magisterio, ambos se incorporaron como soldados voluntarios al ejército sublevado para evitar ser enviados directamente al frente y fueron destinados al Regimiento de Transmisiones. Desde una aldea leonesa comenzó entonces un recorrido forzoso de unos 800 kilómetros que los llevaría hasta algunos de los escenarios más sangrientos de la contienda, entre ellos Teruel y el frente de Levante.

Pero Llamazares no reconstruye aquel viaje como quien levanta un expediente del pasado. Lo recorre él mismo, décadas después, enfrentando los lugares que permanecen con las vidas que ya no están. El presente del escritor se cruza así con el pasado de su padre y de los hombres que combatieron en aquellos caminos. El resultado es una novela sobre la guerra, pero también sobre el tiempo, la filiación y esa extraña forma que tiene la memoria de sobrevivir incluso cuando desaparecen quienes la guardaban.

El jurado ha destacado precisamente el «profundo calado memorialístico y humano» de la obra y su capacidad para mostrar cómo las heridas de la Guerra Civil permanecen adheridas a un territorio. También ha señalado la combinación de evocación personal y dimensión histórica, así como una prosa «poética, depurada y sobria» en la que paisajes y personajes terminan convirtiéndose en protagonistas de un viaje entre pasado y presente.

Hay en Llamazares una geografía literaria reconocible desde sus primeros libros. La lentitud de los bueyes, publicado en 1979, y Memoria de la nieve, de 1982, anunciaron ya al poeta que iba a hacer del paisaje una forma de memoria. Después llegarían novelas como Luna de lobos, de 1985, y La lluvia amarilla, de 1988, dos títulos fundamentales de su trayectoria y dos libros atravesados por la soledad, la desaparición y el abandono de un mundo rural condenado a extinguirse.

En Luna de lobos, que también llevó al cine mediante la adaptación de su propio guion, la posguerra aparece convertida en una historia de supervivencia. En La lluvia amarilla, la despoblación adquiere una dimensión casi fantasmal. No son solamente historias sobre hombres y pueblos: son historias sobre lo que queda cuando los hombres se marchan y los pueblos dejan de ser capaces de contar su propia historia.

Ese interés por los territorios y por las huellas que dejan quienes los habitaron atraviesa también su literatura de viajes. El río del olvido, Trás-os-Montes, Cuaderno del Duero, Las rosas de piedra, Atlas de la España imaginaria, El viaje de don Quijote o Las rosas del sur prolongan una misma mirada: la del escritor que camina por España para escuchar lo que cuentan sus caminos, sus pueblos, sus iglesias, sus ríos y sus ruinas.

Llamazares ha cultivado además el artículo y la crónica, con títulos como En Babia, Nadie escucha y Entre perro y lobo; los relatos, reunidos en libros como En mitad de ninguna parte y Tanta pasión para nada; y el dietario, con Primavera extremeña. Entre sus novelas posteriores figuran Escenas de cine mudo, El cielo de Madrid, Las lágrimas de San Lorenzo, Distintas formas de mirar el agua y Vagalume, publicada en 2023.

Toda esa trayectoria desemboca ahora en El viaje de mi padre, un libro en el que Llamazares vuelve a una de sus obsesiones esenciales: cómo contar aquello que ya no puede ser contado por sus protagonistas. La Guerra Civil aparece aquí no como una batalla de fechas, mapas y partes militares, sino como una presencia que continúa respirando en los paisajes y en las familias.

El crítico Santos Sanz Villanueva destacó en El Cultural el contraste entre el pasado recreado por el escritor y el presente que contempla durante su viaje, una confrontación entre dos tiempos que funciona como uno de los motores de la narración. También subrayó que Llamazares consigue escapar de la «mortecina crónica documental» y convertir el recorrido en una historia con verdadera capacidad narrativa.

Quizá ahí esté una de las claves de la literatura de Llamazares: mirar atrás sin quedarse atrás. Volver a los muertos sin convertirlos en estatuas. Caminar por los mismos lugares que recorrieron otros y descubrir que el paisaje conserva preguntas que los documentos no saben contestar.

El Premio Nacional de Narrativa llega así a un escritor que ha hecho de la memoria una forma de literatura y del paisaje una forma de identidad. Después de casi cinco décadas de libros, Julio Llamazares recibe ahora el reconocimiento institucional a una trayectoria en la que la poesía, la novela, el periodismo y la literatura de viajes han terminado confluyendo en un mismo territorio: el de quienes escriben para que ciertas historias no desaparezcan del todo.

El jurado, presidido por María José Gálvez Salvador, directora general del Libro, el Cómic y la Lectura, ha distinguido una obra que convierte una experiencia familiar en una reflexión sobre el paso del tiempo y los vínculos entre generaciones. El premio toma el relevo del concedido en 2025 a Paco Cerdà por Presentes y sitúa a Llamazares junto a autores como Marilar Aleixandre, Xesús Fraga, Juan Bonilla, Pilar Adón, Cristina Morales, Almudena Grandes, Fernando Aramburu o Cristina Fernández Cubas en la nómina reciente del galardón.