Un año después, Pablo sigue en el parqué

Un año después, Pablo sigue en el parqué

Hoy hace un año. El tiempo solo constata que Pablo Brieba se fue demasiado pronto. Hace un año escribía aquí, todavía con la rabia y la incredulidad de quien acaba de recibir una noticia que no quiere recibir y que se niega a creer. Estábamos acabando el Torneo 3×3 Ciudad de Arrecife Memorial Marcial Martín Rodríguez y empezó aquel rumor maldito. Pablo sopesó jugar aquel torneo, pero al final decidió no jugarlo. Maldita la hora.

Mi mente es juguetona y cada vez que piso el parqué del Municipal de Tinajo me hace pensar, por un instante, que allí estará. Ha pasado un año y sigo pensando lo mismo. Pablo sigue allí.

Está en las fotografías que guardamos, en las conversaciones que quedaron pendientes, en los recuerdos del universo baloncesto de Lanzarote y, sobre todo, en ese pabellón de Tinajo donde tantas veces llevó el timón del Tizziri.

Lo recuerdo como lo recuerdo siempre, con Hugo cerca, haciendo el indio para una fotografía, poniendo morritos en cuanto veía mi cámara y con ese punto de complicidad que se construye después de coincidir muchas veces alrededor de una cancha de baloncesto. Uno hace muchas fotografías pensando que está guardando un instante. Con el tiempo descubre que algunas fotografías guardan mucho más que eso. Guardan personas, voces. Guardan una época y, aunque duela decirlo, guardan a quienes ya no están.

Pablo tenía apenas treinta años cuando se marchó. Una edad en la que uno todavía piensa que queda muchísimo tiempo por delante. Muchísimos partidos. Muchos entrenamientos. Muchas conversaciones. Muchas bromas y muchas más fotografías.

La vida, que a veces tiene una manera cruel de recordarnos que nada está garantizado, decidió otra cosa. Pero también está la otra parte de esta historia. La que llegó apenas unos días después. El baloncesto no quiso que Pablo desapareciera de su cancha. El homenaje ante la Iglesia de San Roque con el baloncesto conejero en bloque botando un balón durante un minuto aún resuena en muchas cabezas. Cuanta emoción, Pablete. Después te recordaron en el Torneo de Los Dolores.

Y esa es una de las grandezas del deporte. Especialmente cuando se convierte en algo más que deporte. Construye memoria. Abraza personas. Un año después, Pablo ya no está físicamente en la cancha. Pero sigue formando parte de ella. Quizá eso sea, al final, lo que significa permanecer. No que el tiempo se detenga. No que dejemos de echar de menos. Sino que alguien siga apareciendo en una conversación, en una fotografía, en una camiseta, en una grada o en una pista de baloncesto. Hoy vuelvo a pensar en aquel texto que escribí hace un año, recién conocida su muerte. Y vuelvo a aquella última frase: “Cada vez que pise el parqué del Municipal de Tinajo allí estarás.” Ha pasado un año. Y sí, Pablete. Sigues allí. Seguirás siempre allí.

Un abrazo de los míos, señor.

DEP.