La II Jornada de Avistamiento de Aves, Biodiversidad Marina y Terrestre recorrió este sábado el litoral de la capital con dos rutas guiadas para acercar a adultos y familias a las especies que encuentran alimento y refugio en la costa lanzaroteña durante sus desplazamientos migratorios.
Arrecife volvió a mirar este sábado hacia el mar, aunque esta vez no para seguir la estela de una embarcación, sino para descubrir la vida que se mueve entre las rocas, los charcos que deja la marea y los pequeños espacios del litoral que muchas veces pasan inadvertidos en el paisaje cotidiano de la capital. La II Jornada de Avistamiento de Aves, Biodiversidad Marina y Terrestre propuso un recorrido por algunos de esos enclaves, desde el entorno del Castillo de San Gabriel hasta el muelle de La Cebolla y el faro de Punta de La Lagarta, para conocer de cerca las aves migratorias y la riqueza natural que alberga la franja costera de la ciudad.
La iniciativa, enmarcada en Aulaga, Proyectos Sostenibles, de QuemaoHub, el Laboratorio de Proyectos del Lanzarote Quemao Class, se desarrolló mediante dos rutas paralelas, una dirigida a adultos y otra de carácter familiar. Los participantes estuvieron acompañados por Sandra Ramos, de Navaea Ecoturismo y Educación Ambiental, y Juan José Ramos, de Birding Canarias, que guiaron la aproximación a una biodiversidad que no siempre necesita grandes espacios naturales para manifestarse, sino que también encuentra su lugar en los rincones de una ciudad abierta al Atlántico.
El calendario elegido no es casual. Octubre forma parte del periodo de migración otoñal de numerosas aves que abandonan sus territorios de reproducción en las latitudes septentrionales para desplazarse hacia zonas más cálidas. Algunas continúan su viaje hacia África, mientras que otras permanecen durante el invierno en las costas canarias, donde encuentran condiciones favorables para alimentarse. En ese trayecto, los bajíos y las plataformas rocosas del litoral de Arrecife pueden convertirse en pequeños comedores naturales, especialmente cuando la bajamar deja al descubierto invertebrados, moluscos y crustáceos.
Entre las especies que pueden observarse en estas fechas destaca el vuelvepiedras común, una limícola de tamaño compacto que recorre las orillas rocosas y los muelles en busca de alimento. Su nombre describe una de sus técnicas más características: levantar pequeñas piedras y algas para descubrir los organismos que se ocultan debajo. La especie, que cría en regiones árticas y septentrionales, aparece en Canarias durante los pasos migratorios y la invernada, de acuerdo con la información de SEO/BirdLife.
También merece atención el zarapito trinador, reconocible por su largo pico curvado, que utiliza para buscar alimento entre las grietas y los fondos fangosos. Procedente de áreas de reproducción del norte de Europa, Islandia y otras regiones septentrionales, es una de las aves limícolas más habituales del archipiélago durante los periodos migratorios y la temporada invernal. Su presencia recuerda que un tramo de costa aparentemente modesto puede formar parte de una ruta que conecta territorios separados por miles de kilómetros.
A estas especies se suman, según el lugar y las condiciones de observación, chorlitejos, correlimos y otras aves vinculadas a las zonas intermareales, además de garzas y garcetas que frecuentan distintos ambientes costeros. No todas aparecen con la misma regularidad ni en los mismos puntos, pero la diversidad de hábitats de la franja litoral permite descubrir comportamientos muy diferentes en un espacio relativamente reducido. La observación requiere paciencia y, sobre todo, aprender a distinguir las siluetas, los movimientos y las formas de alimentarse de cada especie.
La jornada permitió asimismo poner el foco en el valor ambiental de un litoral sometido a la actividad urbana y portuaria. Para las aves que descansan durante sus desplazamientos, disponer de lugares donde alimentarse sin perturbaciones puede resultar determinante. Evitar acercamientos innecesarios, respetar a los animales y mantener limpios los espacios costeros son gestos sencillos que contribuyen a conservar estos enclaves, especialmente durante los periodos de migración y concentración de ejemplares.
Con dos recorridos de veinte plazas cada uno, la propuesta fue gratuita y requirió inscripción previa. La ruta familiar estuvo concebida para participantes de entre 10 y 18 años, mientras que la dirigida a adultos se reservó a mayores de edad. Ambas partieron a las 9.00 horas de la plaza de la Constitución y compartieron un mismo propósito: demostrar que la biodiversidad no se encuentra únicamente en los paisajes alejados de las ciudades, sino también en los lugares por los que se camina a diario sin reparar en quienes los habitan.
La II Jornada de Avistamiento de Aves, Biodiversidad Marina y Terrestre convirtió así el paseo matutino por la costa de Arrecife en una oportunidad para conocer mejor el patrimonio natural de Lanzarote y comprender que, en plena temporada migratoria, las rocas, los bajíos y los pequeños refugios del litoral pueden tener una importancia que desborda ampliamente sus dimensiones y que escapa a la rutina diaria de la ciudadanía de la isla, a la política y a todo ese ruido que nos envuelve en el día a día.
