Abrir una bolsa de papas o patatas fritas y descubrir que buena parte del paquete está ocupada por aire podría dejar de ser una escena habitual. La Unión Europea ha puesto en marcha un nuevo reglamento sobre envases que limitará progresivamente el espacio vacío y los formatos considerados excesivos.
El Reglamento europeo de Envases y Residuos de Envases (PPWR) entró en vigor en 2025, pero sus diferentes obligaciones se aplicarán de forma progresiva hasta 2040. El objetivo es reducir el impacto ambiental de los envases, contener el crecimiento de los residuos y avanzar hacia una economía circular mediante nuevas exigencias de diseño, fabricación, reutilización y reciclaje.
Una de las medidas más visibles para los consumidores llegará en 2030, cuando comenzarán a aplicarse restricciones a los envases excesivos, incluidos los utilizados en el comercio electrónico, determinados envases monodosis en hostelería y el espacio vacío innecesario dentro de los paquetes.
La medida no significa que las bolsas de patatas vayan a quedarse completamente sin aire. En este tipo de productos, el gas utilizado en el interior del envase ayuda a proteger las patatas frente a golpes y evita que lleguen a los consumidores convertidas en migas. Lo que pretende limitar la normativa es el espacio que no esté justificado por las características o la protección del producto.
El reglamento contempla además un amplio calendario de cambios que afectará a fabricantes, productores, importadores y distribuidores.
Desde esta semana se aplican nuevas restricciones a las sustancias PFAS, conocidas como «químicos eternos», en los envases que están en contacto directo con los alimentos. Las empresas tendrán que revisar materiales como tintas, adhesivos y determinados recubrimientos.
Los envases deberán contar también con una Declaración de Conformidad que certifique que cumplen los requisitos establecidos por la normativa europea en materia de fabricación, reciclabilidad y etiquetado.
En 2028 llegará otro de los cambios que podrá resultar más evidente para los consumidores. La Unión Europea implantará un sistema de etiquetado armonizado para facilitar la identificación de los materiales que componen cada envase y el contenedor en el que debe depositarse. La información podrá complementarse mediante códigos QR.
En 2029 está previsto además el despliegue del Sistema de Depósito, Devolución y Retorno (SDDR) para determinadas botellas de plástico y latas. El funcionamiento será similar al que ya existe en otros países europeos: el consumidor abonará un pequeño depósito al comprar el producto y recuperará ese importe cuando devuelva el envase. La cantidad estimada inicialmente ronda los 10 céntimos.
La normativa también endurecerá progresivamente los requisitos para considerar que un envase es reciclable. A partir de 2035 no será suficiente con que pueda reciclarse técnicamente. Tendrá que poder recogerse, clasificarse y reciclarse de forma efectiva mediante la infraestructura disponible.
En 2038 se elevarán todavía más estos requisitos y en 2040 entrarán en vigor nuevos porcentajes mínimos de plástico reciclado.
La Federación Española de Industrias de Alimentación y Bebidas (FIAB), que agrupa a unas 27.300 empresas, advierte de que la adaptación al reglamento supondrá un importante esfuerzo inversor para el sector. Las compañías tendrán que modernizar procesos productivos, desarrollar envases más ligeros y eficientes y formar a sus equipos.
La organización considera que algunas de las medidas serán técnicamente complejas de aplicar y reclama periodos transitorios suficientes para que las empresas puedan adaptarse.
El objetivo de Bruselas es que los productos lleguen al consumidor con envases más eficientes, menos residuos y mayores posibilidades de reutilización y reciclaje.
En el caso de las bolsas de patatas, el cambio no llegará de un día para otro, pero 2030 marca el comienzo de una nueva etapa en la que el aire tendrá que ocupar bastante menos espacio en el supermercado.
