El mercado mayorista registra una media de 147,6 euros por megavatio hora desde el 1 de septiembre, la tercera más elevada para estas fechas desde 1998, mientras el encarecimiento del gas amenaza con trasladar la presión energética a los hogares y las empresas, también en Canarias.
El otoño ha comenzado con una factura energética que amenaza con convertirse en una de las más gravosas de los últimos años. El precio medio de la electricidad en el mercado mayorista español alcanzó los 147,6 euros por megavatio hora entre el 1 de septiembre y el 10 de octubre, el tercer registro más elevado para ese periodo desde que comenzó a funcionar el mercado en 1998, únicamente por detrás de los otoños de 2021 y 2022, cuando la crisis energética europea disparó los costes de la electricidad hasta niveles extraordinarios.
Los datos del mercado ibérico OMIE sitúan el precio medio de aquellas mismas fechas en 168,1 euros por megavatio hora en 2021 y en 238,2 euros en 2022, cuando la recuperación de la demanda tras la pandemia y, posteriormente, la invasión rusa de Ucrania sacudieron los mercados energéticos europeos. La diferencia con aquellos episodios no elimina la preocupación actual, porque el encarecimiento vuelve a producirse en un contexto internacional marcado por las tensiones geopolíticas y por la dependencia europea del gas para cubrir parte de sus necesidades energéticas.
El foco se encuentra ahora en el conflicto en Oriente Medio y en las dificultades que afectan al estrecho de Ormuz, uno de los principales corredores mundiales para el transporte de petróleo y gas. La incertidumbre sobre los suministros y las rutas energéticas ha presionado al alza los precios del gas en Europa, cuyo encarecimiento repercute en el mercado eléctrico cuando las centrales de ciclo combinado deben entrar en funcionamiento para cubrir la demanda que no pueden atender otras tecnologías.
A esa presión exterior se suma una combinación de factores internos que ha complicado el comienzo del otoño. Según el análisis de mercado publicado por Grupo ASE, septiembre cerró con un precio mayorista medio de 143,26 euros por megavatio hora, un 21,1 % más que en agosto y un 134,7 % por encima del mismo mes de 2025. El informe atribuye esta evolución al aumento de la demanda, el encarecimiento del gas y una menor aportación de la generación eólica, que obligó a recurrir con mayor intensidad a las centrales de ciclo combinado.
La demanda eléctrica bruta de septiembre aumentó un 5,7 % respecto al mismo mes del año anterior, hasta los 22.014 gigavatios hora, según Red Eléctrica, aunque el crecimiento se reduce al 1,8 % una vez corregidos los efectos de las temperaturas y la actividad laboral. Al mismo tiempo, la producción eólica cayó un 17,7 % en comparación interanual, mientras que la generación mediante ciclos combinados aumentó un 33,8 %, de acuerdo con los datos de Grupo ASE. La fotovoltaica mantuvo su protagonismo, con un 26,3 % de la generación nacional, pero su aportación durante las horas centrales del día no basta para cubrir las necesidades que aparecen cuando cae el sol y aumenta la dependencia de otras fuentes.
El resultado es un mercado en el que la disponibilidad de energía renovable puede abaratar determinadas horas, pero no garantiza por sí sola precios reducidos durante toda la jornada. El gas continúa desempeñando un papel determinante en las horas de mayor demanda y, cuando su coste aumenta, también puede elevar el precio de la electricidad en el sistema marginalista, en el que la tecnología más cara necesaria para cubrir la demanda contribuye a fijar el precio de casación del mercado.
El encarecimiento mayorista ya tiene reflejo en los indicadores que siguen los consumidores. La Organización de Consumidores y Usuarios señaló el 2 de octubre que la factura eléctrica de septiembre había aumentado un 8,1 % respecto a agosto. La repercusión concreta, sin embargo, depende de la tarifa contratada, del consumo y de los componentes regulados e impuestos que forman parte del recibo, por lo que la media del mercado mayorista no debe confundirse con el importe que paga cada hogar.
En Canarias, la situación tiene particularidades que conviene tener presentes. Los sistemas eléctricos insulares no forman parte del mercado peninsular en las mismas condiciones y cuentan con una estructura de generación propia, en la que los combustibles fósiles conservan un peso considerable. Red Eléctrica señala que durante septiembre la demanda eléctrica del archipiélago aumentó un 4,4 % respecto al mismo mes del año anterior, una vez corregidos los efectos de las temperaturas y la actividad laboral, mientras que las energías renovables representaron el 19,4 % de la generación. El ciclo combinado aportó el 36,7 % de la electricidad producida, los motores diésel el 20,8 % y la turbina de vapor el 18,3 %, frente a una participación eólica del 13,9 %.
Esta estructura hace que la dependencia de los combustibles siga siendo una cuestión central para el sistema eléctrico canario, aunque el precio mayorista peninsular no se traslade de forma automática y exacta a los costes de generación de las islas. La tarifa regulada PVPC se aplica en todo el territorio nacional y está vinculada a la evolución del mercado eléctrico, con una fórmula que desde 2024 incorpora también referencias de los mercados a plazo para reducir parte de la volatilidad. Por eso, el encarecimiento del mercado mayorista constituye una señal relevante para los consumidores canarios, pero no permite calcular por sí solo cuánto subirá cada recibo.
La llegada del otoño suele favorecer una recuperación de la producción eólica y una moderación de la demanda asociada al uso de refrigeración, dos circunstancias que podrían aliviar los precios si se mantienen las condiciones meteorológicas habituales. Esta vez, sin embargo, la evolución dependerá en buena medida del coste del gas, de la situación de los suministros internacionales y de la cantidad de horas en las que las centrales térmicas deban cubrir las necesidades del sistema.
El precio medio registrado desde septiembre no permite asegurar que el conjunto del otoño vaya a terminar siendo el tercero más caro de la serie histórica, porque el periodo estacional todavía está en curso. Sí confirma que el arranque de la estación se encuentra entre los más costosos desde 1998 y que la crisis energética vuelve a situar el precio de la electricidad entre las variables que pueden presionar la economía doméstica, la actividad empresarial y la competitividad industrial, en un momento en el que la evolución de los conflictos internacionales continúa teniendo consecuencias directas sobre los mercados europeos.