
La legislación contra la violencia machista de España, país que fue pionero en sancionar el maltrato a la mujer en 2004 con una normativa específica, debe avanzar para abarcar múltiples formas de discriminación femenina todavía pendientes de regular pese a graves, según expertas en la materia congregadas en Gran Canaria.Y es que, si bien la Ley contra la Violencia Machista aprobada en 2004 en España «fue la primera en su género» y marcó el camino para que otras muchas naciones emularan su ejemplo, partió de «un concepto muy limitado» del fenómeno que dejó desprotegidas a no pocas víctimas, según la catedrática de Derecho Penal María Acale.
Esta especialista de la Universidad de Cádiz se encuentra en Gran Canaria para participar en el segundo Congreso Internacional sobre Perspectivas Interdisciplinarias, donde ha recordado que la legislación española «se limita al ámbito de la pareja».
Cuando, en realidad, las agresiones que sufren las mujeres por su condición de mujeres las cometen «no solo quienes son o han sido sus esposos o compañeros, sino también muchos otros, como sucede en los casos de trata de seres humanos o de mutilación genital», ha argumentado la catedrática.
Acale ha subrayado que, tal como fue concebida en 2004, «la ley deja fuera de cobertura muchas otras modalidades de violencia de género que se dan fuera de la pareja».
Hasta el punto de que, incluso habiendo sido promulgadas más tarde y siguiendo su estela pionera, son varias las legislaciones de otros países que «superan a la española», porque han ido incorporando un enfoque más amplio de las formas de maltrato que sufre la población femenina específicamente.
Y ello a pesar de que la persecución de esos ataques de género mejoró en 2022 al crearse la Ley de Libertad Sexual, que «dio un vuelco a la regulación de los delitos sexuales», ha matizado María Acale.
Esta catedrática considera que para luchar contra las diversas manifestaciones de la violencia contra las mujeres hay que tomar conciencia de «la necesidad de posicionar en el centro del debate a las víctimas».
Puesto que el «problema criminal de la violencia de género» -ha dicho- puede plasmarse en malos tratos físicos o psicológicos directos pero también por otras vías, como la violencia vicaria que busca dañar a la mujer atacando a sus hijos y multiplica las víctimas, y agravarse al combinar con la condición femenina otros factores de discriminación, como los raciales.
La catedrática de Cádiz ha querido no dejar de señalar, en todo caso, los aspectos positivos de la lucha contra la violencia machista, no solo en lo tocante a los avances legislativos de las últimas décadas, sino además en cuanto al aumento de la concienciación social del problema y de la reflexión en torno a sus causas y a cómo enfrentarlo.
En esa línea, ha valorado que surjan iniciativas como este congreso promovido por el Ayuntamiento de Santa Lucía de Tirajana, que se celebra con la colaboración de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, y que se amplíen las perspectivas de análisis del fenómeno.
Y ha destacado la importancia de que, como sucede en este encuentro, se apueste por una reflexión lo más integral posible, tanto desde el punto de vista social como geográfico.
Ya que debates como el de Gran Canaria, que congregan a ponentes de varios lugares de España pero también de otros países, como Brasil, Estados Unidos o Paraguay, propician una visión más completa de «una violencia presente en todos los lugares del planeta» y que «no se solventa solo a base de reformas legales», sino impulsando cambios sociales y de mentalidad, ha sostenido. EFE