Anne Carson tenía 15 años cuando encontró en una librería una edición bilingüe de los poemas de Safo. No podía leer el griego antiguo, pero aquellas dos páginas enfrentadas, una llena de signos que no comprendía y otra traducida, le produjeron una fascinación que acabaría marcando su vida. Años después estudiaría Filología Clásica, se doctoraría con una tesis sobre Safo y convertiría el mundo grecolatino en uno de los grandes territorios desde los que observar el presente. La escritora canadiense, nacida en Toronto en 1950, acaba de recibir el Premio Nobel de Literatura 2026.
Su trayectoria no se parece demasiado a la de una escritora que haya decidido instalarse cómodamente dentro de un género. Carson es poeta, ensayista, traductora y profesora de literatura clásica, pero esas etiquetas se quedan cortas para describir una obra en la que el poema puede convertirse en ensayo, el ensayo puede adoptar formas narrativas, un mito griego puede reaparecer convertido en novela en verso y una experiencia personal puede terminar dialogando con Homero, Safo, Emily Brontë o Simone Weil. Su primer libro, Eros (1986), ya abordaba el amor y el deseo mediante una mezcla de prosa y verso; después llegarían Short Talks, The Glass Essay, Autobiography of Red, Men in the Off Hours, The Beauty of the Husband, Decreation, Nox y Float, entre otros trabajos que han hecho de la mezcla de formas una de las características más reconocibles de su escritura.
Autobiography of Red, publicada en 1998, fue uno de los libros que la situaron definitivamente entre las voces más singulares de la literatura contemporánea. Carson recuperó allí el mito de Gerión y Hércules y lo convirtió en una novela en verso contemporánea, mientras que en The Beauty of the Husband, publicada en 2001, transformó la experiencia de un matrimonio marcado por el engaño en un «ensayo narrativo en 29 tangos» que dialoga con los versos de John Keats. En Nox, años después, la muerte de su hermano se convirtió en una exploración del duelo, la memoria y el lenguaje. Su obra ha vuelto una y otra vez sobre el deseo, la pérdida, el amor, la memoria y la dificultad de decir aquello que parece más sencillo cuando todavía no ha sido dicho.
La relación de Carson con España tiene, además, una historia anterior a sus grandes reconocimientos internacionales. En 1983 recorrió el Camino de Santiago desde los Pirineos franceses y, décadas después, España acabaría concediéndole uno de sus grandes reconocimientos: el Premio Princesa de Asturias de las Letras de 2020. El jurado destacó entonces precisamente la capacidad de Carson para utilizar la tradición clásica como un mapa desde el que interpretar las complejidades del presente y para mantener unidas en su escritura la emoción, el pensamiento y las Humanidades.
Aquella relación con España tuvo una prolongación especialmente significativa en 2023, cuando Carson visitó el Museo del Prado. Allí impartió la conferencia Duda/Hesitation, vinculada a Perro semihundido, una de las pinturas más enigmáticas de Francisco de Goya. El Museo del Prado ha recordado este jueves aquella visita al felicitar a Carson por el Nobel. La institución señala que el interés de la escritora por la obra de Goya dio lugar a aquella conferencia, incluida entre las actividades que han llevado al Prado a dialogar con escritores de diferentes tradiciones.
Hay algo especialmente revelador en que Carson se detuviera precisamente ante ese cuadro. El perro de Goya aparece apenas visible, como si estuviera hundido en un espacio que no podemos terminar de descifrar, mientras su mirada parece dirigirse hacia algo que el espectador no alcanza a ver. No sabemos con certeza qué contempla el animal, qué queda fuera del cuadro ni qué quiso decir exactamente Goya con aquella composición. Carson convirtió esa incertidumbre en materia de reflexión y encontró en la duda no solamente una falta de conocimiento, sino una forma de relacionarnos con aquello que todavía no podemos comprender.
La elección encaja con una trayectoria que comenzó muchos años antes frente a aquellas dos páginas de Safo que una adolescente contemplaba sin poder descifrar el idioma. Entre aquella primera fascinación por un texto incomprensible y el perro de Goya hay una línea que atraviesa buena parte de su obra: la voluntad de permanecer cerca de aquello que todavía no comprendemos del todo, de utilizar la tradición no como una respuesta cerrada sino como una pregunta que puede seguir hablando desde el presente.
El Nobel de Literatura llega ahora después de una carrera construida precisamente sobre esas fronteras. La Academia Sueca ha reconocido una obra que dialoga con la tradición clásica y combina poesía y prosa, literatura y otras artes, experiencia personal y pensamiento, sin aceptar demasiado las separaciones convencionales entre géneros. Carson llega al Nobel después del Premio Princesa de Asturias, el T. S. Eliot, el Griffin Poetry Prize, una beca MacArthur y una larga trayectoria como traductora y estudiosa del mundo clásico.
Y quizá por eso resulta tan apropiado que, entre las primeras imágenes que España recupera para celebrar a su nueva Nobel aparezca aquel perro de Goya. El animal parece mirar hacia algo que nosotros no podemos ver y obliga al espectador a convivir con un espacio que no puede completar. Carson lleva décadas trabajando precisamente en ese territorio, allí donde la literatura deja de ser una respuesta y se convierte en una manera de permanecer junto a una pregunta.