
Hacer realidad sueños aparentemente imposibles es aún viable en la era digital, donde, sin recurrir a caducos sortilegios, voluntad e ilusión han conducido a tocar el piano y hasta la batería sin manos, recorriendo España en conciertos, a un niño de Lanzarote con discapacidad sorteando todo tipo de obstáculos.Ni lo remoto de su lugar de origen, el pueblo de Teguise, ni las limitaciones de movilidad y comunicación impuestas por padecer de nacimiento tetraparesia espástica, una lesión de la corteza cerebral que merma la capacidad de mover y coordinar las articulaciones y de hablar, impidiéndole hacer funciones básicas, han frenado al pequeño Ismael Rosario, que a sus 13 años ya ha actuado incluso en el Teatro Real de Madrid.
Sin que sea ese el único escenario donde ha tocado desplazándose para ello kilómetros y kilómetros desde su localidad natal, respaldado por las fundación española Sifu y la canaria Disa, que han llevado su música también al publico gallego y catalán, según han dado a conocer responsables de una y otra entidad este lunes.
Día en que, en un acto organizado en Las Palmas de Gran Canaria, el chico ha interpretado para periodistas y directivos de entidades y organizaciones diversas uno de los temas de su repertorio como colofón de una presentación del denominado ‘Programa SuperArte’.
Una iniciativa que ofrece acompañamiento a lo largo del país a medio centenar de jóvenes con discapacidad en pro de su integración social y del desarrollo de variopintas habilidades, usando como revulsivo y herramienta el arte.
Y especialmente la música, accesible para intérpretes que, como Ismael, no pueden emplear sus manos para tañer un instrumento al modo tradicional, merced a una tecnología bautizada como «Eyeharp» que, con soporte informático, les permite tocar piano, batería y más instrumentos enviando señales con sus ojos.
Algo muy acorde a los propósitos del proyecto ‘Superarte’, que, genéricamente, «busca transformar la mirada de la sociedad respecto a la discapacidad mediante la música, la danza y todas las disciplinas artísticas, según ha expuesto la directora del programa, Mireia Fuentes.
Quien ha explicado que la Fundación Sifu es una entidad social sin ánimo de lucro nacida en el seno de Grupo Sifu, un centro especial de empleo que trabaja por la inserción social y laboral de las personas con discapacidad desde distintos ámbitos de actuación.
Y ha destacado que, en colaboración con la isleña Fundación Disa, pretende multiplicar el número de beneficiarios de ‘SuperArte’ en el archipiélago, extendiendo por su territorio sus becas, de las que ahora mismo solo disfrutan en Canarias dos solicitantes, uno de ellos Ismael Rosario.
Al que auguran un gran futuro en Sifu, organización cuyo propósito último es que los frutos del uso de «Eyeharp» abran las puertas de la formación musical académica que se imparte en los conservatorios a personas discapacitadas de diversa naturaleza para quienes han estado hasta ahora vedadas, ha subrayado Mireia Fuentes.
Insistiendo en la importancia que para trabajar por esa meta en el caso concreto de Canarias tiene el hecho de contar con apoyo de la fundación Disa, «entidad que -ha relatado su directora, Sara Mateos-ya trabajaba mucho y desde hace tiempo con la discapacidad y el deporte, y veía como una necesidad apremiante contribuir a que las personas con discapacidad no solo vayan como público a los teatros, a los eventos culturales».
«Sino que empiecen a formar parte activa de toda esa cultura que está por hacer», ha apostillado.
Abogando, en definitiva, por que más gente siga la senda de Ismael, al amparo de un programa con el que -detalla Mireia Fuentes- «lo que intentamos es crear itinerarios individuales que nos permitan orientar, formar, acompañar y mejorar la empleabilidad de artistas con discapacidad que quieren dedicarse a la música o la danza».
Disciplinas ambas que han posibilitado ampliar sus horizontes y sus expectativas de futuro a todos los miembros de la familia de Ismael, donde su hermano menor, Diego, un permanente aliado nacido dieciocho meses más tarde que él sin sus problemas de salud, se dedica al baile urbano y se prepara en estos días para acudir a una competición en Barcelona.
Sin que ello le reste tiempo ni ganas para disfrutar de la compañía de su hermano ni para ofrecerle su incondicional apoyo, como uno más de los cuatro miembros de su familia, que «está al completo implicada» en el proyecto de vida de Ismael y «emocionada, irresistible e inevitablemente», al ver cómo los sueños pueden irse tornando realidad con empeño, en palabras de su padre, Marco Antonio Rosario.
EFE