El volcán de La Palma se apagó hace casi cinco años, pero sus cenizas no han desaparecido completamente del cuerpo de quienes estuvieron más expuestos. Esa es una de las conclusiones que deja el proyecto ASHES, una investigación impulsada por la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR) para estudiar qué ocurrió con la salud respiratoria de la población durante y después de la erupción del Tajogaite.
Los resultados presentados este martes en La Palma apuntan a una relación entre el grado de exposición a los gases y las cenizas y la aparición de síntomas respiratorios. En el grupo de adultos analizado, las personas más expuestas llegaron a presentar hasta tres veces más probabilidades de sufrir tos y el doble de alteraciones compatibles con un patrón obstructivo pulmonar.
La investigación ha seguido durante cinco años a población con diferentes niveles de exposición, además de personas con enfermedades respiratorias previas y menores residentes en las zonas más afectadas. El diseño del estudio permite comparar la evolución de quienes estuvieron cerca de la erupción con la de residentes menos expuestos y estudiar de forma específica a pacientes que ya padecían patologías como asma o EPOC.
Uno de los elementos que más preocupa a los investigadores es precisamente la desigual respuesta ante la exposición. Quienes ya tenían problemas respiratorios, especialmente asma, aparecen entre los grupos más vulnerables. También se ha observado una mayor frecuencia de síntomas entre las personas expuestas al humo ambiental del tabaco.
La señal no desapareció inmediatamente cuando terminó la erupción. Tos, congestión nasal o dolor de garganta llegaron a mantenerse durante meses en algunos participantes, mientras que el análisis apunta a un patrón dosis-respuesta: cuanto mayor fue la exposición a los productos de la erupción, mayor fue también la presencia de síntomas.
En la población infantil, el estudio siguió a 188 niños y adolescentes de entre seis y 18 años residentes en las zonas más expuestas del Valle de Aridane. Los investigadores detectaron también una mayor carga de síntomas entre los menores que habían soportado una exposición más intensa, con especial vulnerabilidad en quienes tenían enfermedades respiratorias previas o convivían con humo de tabaco.
Pero los científicos han colocado una palabra encima de sus conclusiones: prudencia. Los resultados muestran asociaciones entre exposición y alteraciones respiratorias, pero el estudio no permite afirmar que cada uno de los síntomas observados tenga necesariamente su origen directo en el volcán ni determinar todavía cuáles desaparecerán completamente y cuáles podrían permanecer a largo plazo. El mensaje de los investigadores no es, por tanto, el de una nueva emergencia sanitaria, sino el de mantener la vigilancia sobre una población que estuvo sometida durante semanas a una exposición extraordinaria.
El ASHES nació precisamente con esa vocación. SEPAR puso en marcha el proyecto durante la propia erupción, con la intención de seguir durante cinco años a distintos grupos de población y obtener información que pudiera servir también para afrontar futuras emergencias volcánicas. El estudio fue diseñado para incluir a más de 2.000 personas y combinar cuestionarios, pruebas de función pulmonar y análisis de muestras biológicas.
La investigación se ha convertido en uno de los trabajos más amplios realizados en España sobre las consecuencias respiratorias de una erupción volcánica. En ella han participado especialistas de SEPAR, profesionales del Servicio Canario de la Salud y del Instituto de Investigación Sanitaria de Canarias, junto con investigadores de distintas áreas de la neumología y la epidemiología.
El volcán Tajogaite permaneció activo durante 85 días en 2021. Cinco años después, aquel episodio sigue siendo también un laboratorio científico. No para volver a contar cómo cayó la ceniza sobre La Palma, sino para averiguar qué dejó aquella ceniza dentro de quienes tuvieron que respirarla.
Y esa es quizá la parte más importante del estudio: cuando una erupción termina para los volcanes, no necesariamente termina al mismo tiempo para quienes estuvieron bajo su nube.