Durante estos días, los vecinos de Tías, compañeros de clase y profesores de su escuela y de la Escuela de Danza, han ido dejando flores, mensajes, peluches y pequeños recuerdos repletos de amor y dolor delante de la casa de la niña de nueve años que murió el pasado jueves después de ser atropellada en la calle La Luchada de Tías. El lugar se ha convertido así en un improvisado altar, un sentido espacio de duelo, levantado poco a poco por quienes necesitaban acercarse, dejar una flor o sencillamente estar allí, junto a la familia.
La tragedia ocurrió el 5 de noviembre, cuando el Centro Coordinador de Emergencias y Seguridad recibió una alerta por el atropello de una menor en la calle La Luchada. Al día siguiente aparecieron las primeras flores junto a la vivienda y después llegaron otras, acompañadas de mensajes y objetos que los vecinos han querido dejar como recuerdo. Familiares y residentes se han acercado para compartir el dolor de una familia que ha perdido a una niña que tenía por delante toda una vida. El improvisado homenaje ha ido creciendo. Flores colocadas con cuidado frente a una casa repleta de dolor en un pueblo que ha querido despedir a la pequeña volcando todo su cariño y su respeto.
Resulta difícil mirar el pequeño altar de la calle, pero, al mismo tiempo, es necesario mirarlo. Es más que evidente que las flores, las lágrimas y los sentimientos acumulados no pueden cambiar lo sucedido, pero han servido para acompañar a la familia en estos difíciles momentos. Descansa en paz, Aisha.
