Aún queda gente buena en Lanzarote

Resulta más que evidente que aún queda gente buen en Lanzarote y, además, mucha, pero déjenme contarles una pequeña historia. El pasado fin de semana, la esposa de un viejo amigo de noticiasdelanzarote.com perdía su cartera con dinero en efectivo, tarjetas de crédito, así como su DNI y carné de conducir.

Habitualmente observamos las redes sociales infestadas de feos comentarios e insultos o nos topamos con las calles repletas de personas al volante o en patinete cargadas de mal humor desde primera hora del día. Esa es la cara B de nuestra sociedad. A veces olvidamos que sin el color negro no existiría el color blanco o, aquello más manido de que, sin luz no habría oscuridad. En definitiva, si hay cara B por descontado que hay cara A. Y esa es la cara de la bondad, del respeto y del civismo.

Alguien que no ha querido ser identificado, entregó la cartera a la Comisaría de la Policía Local sin esperar siquiera un más que merecido gracias o incluso una meritoria recompensa.

Han de alegrarnos actitudes como esta que llegan en un momento en el que la esperanza en la Humanidad parece escaparse como lluvia entre los dedos de la mano.

Para los grandes clásicos, auténticos pilares de lo que somos hoy día, la bondad era una mezcolanza de inteligencia, equilibrio y cumplimiento del deber.  Para los maestros griegos era síntoma de excelencia. Según Sócrates, “nadie es malo por voluntad propia, sino por ignorancia. Si conoces lo que es justo, actuarás bien; el mal es un error de cálculo mental”. Para Platón la bondad “es la armonía del alma. Un hombre bueno es aquel cuya razón domina a sus instintos y emociones” o, por ejemplo, para Aristóteles, la bondad “es un hábito. No nace con nosotros, sino que se construye eligiendo siempre el «término medio» (ni ser cobarde, ni ser temerario)”. No pueden faltar en este bondadoso desgranamiento Marco Aurelio y los Estoicos que entendían como bondad “vivir conforme a la naturaleza y la razón. Ser bueno es aceptar lo que no puedes cambiar y ayudar a los demás porque todos somos parte de un mismo cuerpo social”. En cambio, Cicerón vinculaba la bondad con la Justicia y la Humanitas. Ser bueno significaba ser útil a la sociedad y respetar el derecho de los demás”. Por último, Séneca, decía que “debemos ser bondadosos incluso con los esclavos, porque todos somos iguales ante el destino”.

En definitiva, para nuestros padres fundadores de la antigüedad ser bueno era sinónimo de ser sabio y el malo, simplemente, era alguien que no entendía cómo funcionaba el mundo.

Desconocemos si muchos siglos después, la persona bondadosa que entregaba la cartera a la Policía Local entiende como funciona el mundo en la actualidad que nos ha tocado habitar o, justamente, todo lo contrario, pero, acciones como la suya, nos empujan a pensar que, aún sin solución para todo, lo mejor es disfrutar el camino e, indudablemente, ser bueno en el trayecto que nos reserva el destino que es la vida.