
Ha sido un fin de semana de altibajos. De alegrías y de tristezas. De emociones a flor de piel tanto dulces como amargas. El sábado se cumplía el aniversario de la marcha de mi padre, estrujando mi corazón sin compasión. Con eso corriéndome por dentro llegaba al sábado y el domingo a la celebración del I Torneo 3×3 Ciudad de Arrecife Memorial Marcial Martín Rodríguez, un evento en el que se juntaba una gran parte del baloncesto insular honrando la memoria de Marcial, un gran jugador y mejor persona que nos dejaba de forma inesperada a principios de siglo.
Muchos amigos de Marcial se han dado cita en la Ciudad Deportiva, viejas glorias del baloncesto de Lanzarote, algunos michelines y rodilleras, muchas canas y muchos sentimientos sobre el parqué. Todo confluía hacía el momento más anhelado, sobre las 14:10 horas dominicales, momento en el que el hermano de Marcial, Ginés, nuestro querido “Negro”, recogía una placa para la familia. Dicen que, justo en ese momento, Marcial sonreía, con ese contraste de dientes blancos con su rostro aceitunado con el que le recordamos, desde lo más alto del cielo conejero.
Pocos momentos después de terminar la entrega de trofeos del I Torneo 3×3 Ciudad de Arrecife Memorial Marcial Martín Rodríguez y olvidado el patetismo político que quería nublar la jornada, me he enterado del fallecimiento de Pablo Brieba, jugador del Tizziri Tinajo. Lo que era un fin de semana agridulce se teñía definitivamente de rabia y desolación.
No quiero ni pensar como estará esa familia tinajera, al igual que su familia del Tizziri Tinajo. La vida es así de juguetona. Saliendo de recordar a un gran jugador del baloncesto insular, fallecido en circunstancias parecidas e igualmente inesperadas, y nos topábamos con la marcha de Pablo. Se nos va un gran base, un gran jugador de basket y una buena persona. Lo recuerdo casi siempre con Hugo al lado, poniéndome morritos para las fotos, llevando el timón del equipo de su pueblo. Desconozco la cantidad de fotos que le he hecho, las veces que hemos hablado, que hemos hecho la puñeta a Hugo por su forma de jugar, para hacerlo rabiar. Y realmente todo eso queda en el recuerdo que nunca partirá. Cumplía años hace apenas semana y media. Treinta años en la alforja. Pablo ha vivido con intensidad y, de corazón, a pesar de la desazón que nos llega a todos con lo sucedido, solo deseo, desde el fondo de mis entrañas, que no se haya percatado de lo que sucedía, que estuviera disfrutando de la apnea como disfrutaba con todo en esta vida, puta vida, que nos vuelve a demostrar que, caprichosa e injusta, nos golpea donde más duele cuando menos lo esperamos.
Cada vez que pise el parqué del Municipal de Tinajo allí estarás. Allá donde vayas, Pablete, sigue disfrutando. Un abrazo de los míos, señor. DEP