El calor deja 75 muertos en Canarias en apenas quince días de agosto

El Archipiélago es la tercera comunidad autónoma con más fallecimientos atribuibles a las altas temperaturas, sólo por detrás de Cataluña y Andalucía. El dato multiplica por más de tres las muertes estimadas en Canarias durante todo agosto de 2025.

El calor empieza a dejar una factura difícil de ignorar en Canarias. Las altas temperaturas han sido relacionadas con 75 fallecimientos en el Archipiélago entre el 1 y el 15 de agosto, según las estimaciones del Sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria (MoMo) del Instituto de Salud Carlos III. En apenas dos semanas, Canarias se sitúa como la tercera comunidad autónoma española con más muertes atribuibles al calor, sólo por detrás de Cataluña, con 575, y Andalucía, con 105.

El dato adquiere todavía más dimensión cuando se compara con el verano anterior. Durante todo agosto de 2025, MoMo estimó 22 muertes atribuibles a las altas temperaturas en Canarias. Es decir, las 75 registradas provisionalmente en los primeros quince días de este agosto multiplican por más de tres todo el balance del mismo mes del año pasado.

La comparación con julio ofrece, sin embargo, una fotografía diferente. En julio de este año fueron nueve las muertes atribuibles al calor en Canarias, frente a las 36 estimadas en julio de 2025. El fuerte incremento se concentra, por tanto, en los episodios de temperaturas extremas registrados entre finales de julio y los primeros días de agosto.

Y aquí aparece una precisión fundamental para entender qué significan realmente estas cifras. Las 75 muertes estimadas por MoMo no implican que 75 personas hayan fallecido directamente por un golpe de calor. El sistema calcula un exceso de mortalidad estadísticamente atribuible a las temperaturas y recoge también aquellos casos en los que el calor agrava enfermedades o situaciones de salud previas.

De hecho, según los datos facilitados este martes por el Servicio Canario de la Salud, durante el verano de 2026 se han estimado 86 muertes atribuibles al calor en Canarias, pero sólo una habría sido causada directamente por un golpe de calor. Los especialistas señalan que habitualmente entre un 2% y un 3% de las muertes atribuidas estadísticamente al calor tienen una causa directa.

No se trata de un sistema de medición recién estrenado. MoMo fue desarrollado en 2004, dentro del plan estatal destinado a vigilar los efectos de las temperaturas excesivas sobre la salud. Su objetivo es comparar la mortalidad observada con la que cabría esperar según las series históricas y estimar, entre otros factores, el impacto de las temperaturas sobre el número de fallecimientos.

Con el paso de los años, el sistema se ha ido perfeccionando. Desde 2018 funciona además MOMOCalor, un modelo específicamente diseñado para estimar la mortalidad atribuible al exceso de temperatura. En 2022 el Instituto de Salud Carlos III presentó una actualización que integró en un mismo modelo las estimaciones de exceso de mortalidad y las atribuibles tanto al calor como al frío.

Eso permite disponer hoy de una serie estadística mucho más precisa para observar cómo las temperaturas afectan a la población y comparar los diferentes episodios de calor.

Y la comparación no resulta precisamente tranquilizadora. El informe anual del Servicio Canario de la Salud recoge que MoMo estimó 130 muertes atribuibles a las altas temperaturas en Canarias durante 2025. El dato fue superior al registrado en 2024, cuando se estimaron 52, y también al de 2023, con 115. En 2022 fueron 40 y en 2021, 20.

Entre 2021 y 2025, las estimaciones de MoMo acumulan 357 muertes atribuibles al calor en Canarias. Durante ese mismo periodo, el sistema específico de vigilancia sanitaria registró 428 personas atendidas por efectos relacionados con las altas temperaturas, 133 hospitalizaciones y 15 fallecimientos directos asociados al calor.

Son dos estadísticas diferentes y conviene mantenerlas separadas. Una mide el exceso de mortalidad que estadísticamente puede atribuirse a las temperaturas; la otra recoge los casos clínicos notificados directamente por los servicios sanitarios. Confundir ambas llevaría a presentar como golpes de calor cientos de fallecimientos que, en realidad, responden a un fenómeno más complejo.

Lo que está ocurriendo en Canarias forma parte de un episodio mucho más amplio. En España, MoMo estima 1.108 muertes atribuibles a las altas temperaturas entre el 1 y el 15 de agosto, 146 más que en el mismo periodo de 2025, cuando se estimaron 962.

Es el tercer registro más elevado para una primera quincena de agosto desde que comenzó la serie, sólo por detrás de 2018, con 1.197 muertes, y 2022, con 1.225.

La distribución por edades vuelve a mostrar quién soporta peor el calor. De las 1.108 muertes estimadas en España durante estos quince días, 1.070 corresponden a personas mayores de 65 años y 659 a mayores de 85. En cuanto al sexo, 670 de los fallecidos son mujeres y 438 hombres.

El balance acumulado del verano también empieza a ser considerable. Sólo en julio, España registró alrededor de 2.000 muertes atribuibles a las altas temperaturas, casi el doble que durante el mismo mes de 2025. El propio MoMo sitúa julio de 2026 entre los meses de julio con mayor mortalidad atribuible al calor desde que existe la serie.

El calor no reparte sus consecuencias de manera uniforme. Las personas mayores de 65 años, especialmente quienes superan los 85, forman el grupo más vulnerable, pero también están especialmente expuestos los menores de cuatro años, las personas embarazadas y quienes padecen enfermedades respiratorias, cardiovasculares o renales, hipertensión, diabetes u otras patologías crónicas.

Determinados medicamentos pueden aumentar además la sensibilidad frente a las altas temperaturas, entre ellos algunos diuréticos, laxantes, neurolépticos, anticolinérgicos y benzodiacepinas. El riesgo aumenta cuando las altas temperaturas se prolongan y el organismo pierde capacidad para regular su propia temperatura.

Por eso los especialistas insisten en medidas que pueden parecer elementales, pero que en determinados casos son literalmente preventivas: beber agua aunque no exista sensación de sed, evitar la exposición directa al sol durante las horas de mayor temperatura, mantener frescas las viviendas y prestar especial atención a las personas mayores que viven solas.

Porque el calor extremo rara vez llega con el estruendo de una catástrofe. No derriba edificios ni corta carreteras. Puede entrar en una casa lentamente, quedarse durante la noche y encontrar un cuerpo que ya no tiene la capacidad de defenderse como antes.

En Canarias, este verano ya deja decenas de muertes estadísticamente atribuibles a las temperaturas. La cifra seguirá moviéndose mientras avance el mes y MoMo continúe incorporando nuevos datos.

Pero hay algo que ya no admite demasiadas estadísticas: el calor ha dejado de ser sólo una cuestión de verano. También es una cuestión de salud pública.