Hacer la compra se ha convertido en un ejercicio de cálculo en el que cada vez resulta más difícil distinguir entre lo imprescindible y aquello que puede esperar. Los hogares canarios afrontan una subida acumulada de los precios que continúa condicionando sus decisiones cotidianas, desde la elección de los alimentos hasta la cantidad que destinan a llenar la despensa, en un contexto en el que la moderación de algunos productos no ha devuelto la cesta de la compra a los niveles de hace cuatro años.
Los últimos datos del Índice de Precios de Consumo (IPC), correspondientes a septiembre y publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE), reflejan que el conjunto de los alimentos y las bebidas no alcohólicas se encareció un 2,7% en España durante los últimos doce meses, aunque esa media esconde diferencias considerables entre productos. Los huevos subieron un 12,3%, los cítricos frescos un 15,1% y las hortalizas cultivadas por su fruto, entre ellas tomates, pepinos, calabacines, berenjenas y pimientos, un 17,3%. Las frutas tropicales, categoría en la que se incluyen productos como los plátanos, los aguacates y los mangos, aumentaron un 11,6%.
La evolución de los huevos resulta especialmente significativa porque se trata de un alimento habitual en muchos hogares y una alternativa proteica que suele incorporarse a la compra cotidiana. Su precio acumula un incremento del 48,7% desde 2022 en el conjunto de España, según los datos del IPC, una subida que ayuda a explicar por qué la sensación de encarecimiento persiste incluso cuando otros productos registran descensos puntuales.
En Canarias, la inflación interanual se situó en septiembre en el 4,4%, frente al 4,9% nacional, de acuerdo con los datos publicados por el ISTAC. Los huevos registraron en el archipiélago una subida interanual del 10%, mientras que el índice general continuó avanzando. La diferencia respecto a la media española no elimina la presión sobre la economía doméstica, especialmente en un territorio insular en el que una parte importante de los productos que se consumen depende del transporte y de las conexiones con los mercados exteriores.
La insularidad añade una dimensión propia al problema. El coste de trasladar mercancías, la dependencia de determinados suministros y las particularidades de la distribución condicionan la formación de los precios que terminan pagando los consumidores. No todos los incrementos que se registran en el mercado nacional se trasladan de la misma manera a Canarias, ni todos los productos presentan idénticas variaciones en las islas, por lo que conviene distinguir entre las estadísticas estatales y la evolución específica del archipiélago.
La perspectiva desde 2022 permite comprender mejor el alcance del encarecimiento. En España, los cítricos frescos acumulan una subida del 33,8%, mientras que las hortalizas y las legumbres también registran incrementos superiores al 30% en distintas categorías. El café ha aumentado un 28,3% y el pescado un 24,8%, de acuerdo con los datos del IPC recogidos en el análisis publicado por Las Provincias. Aunque los porcentajes varían según el producto y el periodo de referencia, la tendencia muestra que una parte importante de la cesta de la compra cuesta hoy bastante más que antes de la escalada inflacionista.
Hay productos que han comenzado a abaratarse, pero esa evolución debe interpretarse con cautela. El café y sus sucedáneos descendieron un 4,3% interanual en septiembre en España, los cereales bajaron un 3,5% y las legumbres secas un 2,4%. Estas reducciones ofrecen cierto alivio, pero no implican necesariamente que los precios hayan regresado a los niveles anteriores a las fuertes subidas de los últimos años. Una rebaja sobre un precio que ya se ha incrementado de forma considerable no borra el encarecimiento acumulado.
El problema es que el consumidor no hace sus cuentas comparando índices estadísticos, sino comprobando cuánto dinero necesita para comprar los mismos productos que hace unos años. Cuando la alimentación aumenta de precio y a esa factura se suman la vivienda, la electricidad, el combustible y otros gastos básicos, el margen disponible para el resto del mes se reduce. La inflación puede desacelerarse en determinadas categorías, pero el alivio solo se percibe de verdad cuando el gasto cotidiano deja de crecer más deprisa que los ingresos.
En Lanzarote, donde las familias afrontan además las particularidades económicas de un territorio insular, la evolución de los precios constituye una cuestión directamente vinculada a la capacidad adquisitiva. Las estadísticas nacionales permiten identificar tendencias, pero no sustituyen a una comparación específica de los precios de los supermercados de la isla, necesaria para determinar qué productos se han encarecido más en el mercado local.
La cesta de la compra continúa siendo, en definitiva, uno de los termómetros más claros de la economía doméstica. Más allá de que determinados alimentos bajen unos puntos o de que la inflación mensual ofrezca alguna tregua, el verdadero indicador para los hogares sigue siendo el mismo: cuánto cuesta llenar el carro y qué queda en la cuenta bancaria después de hacerlo.