La factura de la guerra de Irán empieza a dejarse sentir con especial intensidad en la economía española. Los precios han acelerado su subida durante los últimos meses hasta situar la inflación en el 5% en septiembre, el doble que al comienzo del conflicto, cuando se encontraba en el 2,5%. El indicador armonizado que permite comparar la evolución de los precios entre los países europeos sitúa a España un 31,6% por encima de la media de la Unión Europea, que cerró el mismo mes con una tasa del 3,8%, según los datos publicados por Eurostat.
La distancia con Europa refleja una evolución que preocupa tanto por la velocidad de las últimas subidas como por sus consecuencias sobre el poder adquisitivo de los hogares. Mientras el encarecimiento de la energía vuelve a presionar las economías del continente, España ha registrado uno de los incrementos más pronunciados entre las grandes economías europeas, con una inflación armonizada superior a la de Alemania, Francia e Italia, que se situaron en septiembre en el 3,3%, el 3,4% y el 4,1%, respectivamente.
El repunte tiene en los combustibles uno de sus principales motores. El Instituto Nacional de Estadística confirmó el 14 de octubre que el IPC español alcanzó el 4,9% interanual en septiembre, seis décimas más que en agosto y su nivel más elevado desde febrero de 2023. Los carburantes y combustibles se encarecieron un 27,7% en términos interanuales, en un contexto marcado por las tensiones energéticas derivadas del conflicto en Oriente Próximo.
El impacto no termina en el surtidor. El transporte de mercancías, la distribución de alimentos y el funcionamiento de buena parte de la actividad económica dependen de la energía, por lo que las subidas pueden trasladarse progresivamente a otros bienes y servicios. En un territorio insular como Canarias, donde el abastecimiento depende en gran medida del transporte marítimo y aéreo, la evolución de los costes energéticos constituye un factor especialmente relevante, aunque su repercusión concreta en los precios locales debe comprobarse a través de los indicadores del archipiélago.
La cesta de la compra ofrece una muestra de esa presión acumulada, aunque la evolución de los alimentos es más moderada que la de los combustibles. En septiembre, los alimentos y las bebidas no alcohólicas subieron un 2,7% interanual en España, pero algunos productos registraron incrementos muy superiores. Los huevos se encarecieron un 12,3%, los cítricos frescos un 15,1% y determinadas hortalizas, como tomates, pepinos, calabacines y pimientos, un 17,3%, de acuerdo con los datos del IPC difundidos por el INE.
Estas cifras ayudan a explicar por qué la moderación de algunos indicadores no siempre se traduce en una sensación de alivio para las familias. Una subida del índice general puede parecer abstracta, pero el encarecimiento de los alimentos básicos, la gasolina o el transporte se refleja directamente en el presupuesto mensual. Y cuando los precios vuelven a acelerar después de varios meses de relativa estabilidad, los hogares disponen de menos margen para absorber nuevos incrementos.
En Canarias, la inflación general se situó en septiembre en el 4,4%, por debajo del 4,9% nacional, según el Instituto Canario de Estadística. Sin embargo, el dato regional no elimina las dificultades de las economías domésticas ni permite concluir que todos los productos sean más baratos en las islas. La composición de la cesta de consumo, los costes logísticos y la evolución de cada categoría hacen necesario distinguir entre la tasa general y el comportamiento de los precios que pagan realmente los consumidores.
El nuevo episodio inflacionista también complica las perspectivas económicas europeas. Una energía más cara amenaza con reducir la capacidad de gasto de los hogares y elevar los costes empresariales, al tiempo que mantiene la presión sobre el Banco Central Europeo, cuya política monetaria debe contener la inflación sin asfixiar la actividad económica. Si el encarecimiento energético se prolonga y termina trasladándose de forma más amplia a los precios y los salarios, el problema podría dejar de concentrarse en los combustibles para adquirir un carácter más persistente.
La evolución de los próximos meses dependerá en buena medida de la duración del conflicto, de los movimientos del mercado energético y de la capacidad de las medidas públicas para amortiguar sus efectos. Por ahora, los datos de septiembre dejan una conclusión incómoda: España ha pasado en siete meses de una inflación armonizada del 2,5% al 5%, mientras la media europea se sitúa en el 3,8%, y ese diferencial vuelve a colocar el coste de la vida en el centro de las preocupaciones económicas de las familias.