La Biblioteca Castro publica una antología de 350 artículos del Francisco Umbral que saldrá a la venta el 20 de octubre de 2026, con un estudio introductorio de Miguel González Somovilla y documentos inéditos que permiten reconstruir aspectos poco conocidos de su vida, entre ellos un informe de la censura franquista que atribuye al actor el encargo de una agresión que habría dejado a Umbral con ocho costillas rotas.
Francisco Umbral convirtió la literatura y el periodismo en una forma de ajustar cuentas con su tiempo, con sus contemporáneos y, en ocasiones, con quienes se reconocían en los personajes que poblaban sus páginas. Su escritura, afilada y poco dispuesta a respetar las convenciones, le permitió retratar la sociedad española desde una posición tan incómoda para el poder político como para algunos de los protagonistas de la vida cultural. Ahora, una nueva publicación de la Biblioteca Castro recupera una parte de ese universo y aporta documentos que arrojan luz sobre episodios menos conocidos de su trayectoria.
El volumen, titulado Escribir lo vivido, reúne trescientos cincuenta artículos de Umbral y cuenta con edición y estudio introductorio de Miguel González Somovilla. La recopilación recupera textos periodísticos que no habían sido publicados anteriormente en libro e incorpora materiales gráficos y documentales que ayudan a situar al escritor en el contexto político, cultural y personal en el que desarrolló su trabajo.
Entre los documentos que acompañan esta recuperación figura uno especialmente llamativo, localizado en el expediente que la censura franquista dedicó a Umbral y conocido como el «Sobre 32». Según explica González Somovilla en el estudio que acompaña a la edición, una anotación de los servicios de vigilancia del régimen atribuye a Paco Rabal el encargo de una agresión contra el escritor después de que el actor se hubiera reconocido en personajes de El Giocondo, una novela de Umbral ambientada en la vida nocturna madrileña.
El informe sostiene que el actor habría enviado a unos hombres para darle una paliza al escritor con barras de hierro y afirma que la agresión le provocó ocho fracturas costales, por las que habría permanecido tres meses en una clínica. La gravedad del relato obliga, sin embargo, a distinguir entre lo que recoge el documento y lo que puede considerarse probado: por ahora, la información conocida procede de esa anotación de la censura y no permite confirmar de manera independiente que Rabal ordenara la agresión ni que todos los detalles consignados respondan exactamente a lo sucedido.
La aparición del episodio resulta significativa también por el origen de la documentación. No se trata de una confidencia recuperada décadas después ni de una anécdota transmitida por los protagonistas, sino de una referencia incorporada a los archivos de un aparato estatal que vigilaba a escritores, periodistas y artistas durante la dictadura. El expediente permite observar cómo las autoridades seguían la actividad de Umbral y reunían información sobre sus relaciones, sus publicaciones y las reacciones que despertaba su trabajo, aunque eso no convierte automáticamente en veraces todas las afirmaciones que los funcionarios consignaron en sus informes.
La historia remite a El Giocondo, publicada en 1970, una novela que retrataba los ambientes nocturnos de Madrid y que podía resultar reconocible para quienes formaban parte de aquel mundo. La posibilidad de que alguno de sus personajes se identificara con una figura real permite comprender el potencial conflictivo de una literatura que transformaba la observación social en retrato narrativo, pero la relación entre la novela y la supuesta agresión debe mantenerse en el terreno de lo que sostiene el documento mientras no aparezcan otras pruebas.
La nueva antología ofrece, por tanto, algo más que una selección de artículos de uno de los escritores españoles más reconocibles del siglo XX. El rescate de estos materiales permite volver sobre la relación entre literatura y poder, sobre la vigilancia que ejercía la dictadura sobre la actividad intelectual y sobre la capacidad de la escritura de Umbral para incomodar a quienes podían verse reflejados en ella. La supuesta paliza atribuida a Paco Rabal añade una dimensión novelesca al conjunto, pero su verdadero interés periodístico reside, precisamente, en el rastro documental que ha permitido sacar la historia a la luz y en las preguntas que todavía quedan por responder.
Con Escribir lo vivido, la Biblioteca Castro reivindica así la dimensión periodística de Umbral y devuelve a la circulación una parte de su obra que permanecía dispersa. Los documentos recuperados permiten asomarse a la trastienda de una época en la que la literatura podía provocar adhesiones, enemistades y vigilancia política, y recuerdan que, en ocasiones, los archivos conservan historias que sus protagonistas nunca llegaron a contar públicamente.