El Goncourt reduce la batalla literaria a cuatro novelas entre la memoria, el crimen y la búsqueda de una vida verdadera

La Academia Goncourt ha anunciado este martes la tercera y última selección de su premio de 2026, una lista definitiva de cuatro novelas que sitúa frente a frente a Yannick Haenel, Philippe Jaenada, Clémentine Mélois y Sylvain Prudhomme. El galardón más influyente de las letras francesas se decidirá el próximo 3 de noviembre en el restaurante Drouant de París, donde el jurado elegirá al sucesor de Laurent Mauvignier, premiado en 2025 por La maison vide, una obra que ha convertido la memoria familiar en uno de los grandes asuntos literarios de la temporada.

La selección reúne cuatro formas distintas de acercarse a la experiencia humana. Hay un profesor que busca sentido en las aulas de la periferia parisina, un escritor que vuelve sobre un asesinato sin resolver de la posguerra, una mujer que reconstruye su vida mientras prepara una mudanza después de una ruptura y una fotógrafa que desaparece en un territorio de alta montaña. Cuatro argumentos muy diferentes que comparten, sin embargo, una misma inquietud por aquello que permanece oculto bajo la superficie de la vida ordinaria.

Yannick Haenel concurre con La solitude des professeurs est infinie, publicada por Gallimard, una novela que convierte la enseñanza en una experiencia tan áspera como capaz de ofrecer momentos de revelación. Su protagonista, Jean Deichel, es un joven profesor de francés que realiza sus prácticas en un colegio de la periferia de París. Por la noche se aloja en un club de tenis de Deuil-la-Barre y, durante el día, descubre las dificultades de un oficio sometido a la violencia, la incertidumbre y el desgaste, pero también la posibilidad de encontrar una belleza inesperada en el aprendizaje. Jean es, además, un poeta que busca una vida auténtica en medio de la grisura cotidiana, entre jardines reales e imaginados, escapadas a Pompeya y Tarquinia y, sobre todo, en la frágil recompensa de una clase que sale bien.

Haenel, nacido en 1967, es una de las voces reconocibles de la narrativa francesa contemporánea. Su trayectoria incluye títulos como Cercle, Jan Karski y Tiens ferme ta couronne, con los que ha explorado la identidad, la historia, la creación artística y los conflictos morales. Su literatura suele moverse entre la reflexión política y la búsqueda de una experiencia capaz de romper las convenciones de la existencia. En su última novela, el aula aparece como un espacio donde la realidad social y la aspiración individual chocan a diario, pero donde todavía puede abrirse una grieta por la que entre algo parecido a la esperanza.

Philippe Jaenada llega a la última selección con L’inconnue du Quai de Javel, publicada por Flammarion, una investigación literaria que devuelve a la actualidad un crimen ocurrido en el París de 1949. El 6 de septiembre de aquel año apareció el cuerpo de una joven en el muelle de Javel, sin bolso ni zapatos y con indicios de que alguien había intentado vestirla de nuevo antes de abandonarla. La mujer fue identificada como Louise Cansot, una modelo de artistas vinculada al ambiente bohemio de Montparnasse. La investigación policial apuntó hacia varios sospechosos, pero el caso quedó cerrado sin una detención. Más de siete décadas después, Jaenada vuelve sobre los documentos, los testimonios y las contradicciones de aquel expediente para reconstruir una historia que dejó demasiadas preguntas sin respuesta.

El escritor francés ha hecho de la investigación de sucesos reales una de las señas de identidad de su obra. Después de darse a conocer con Le Chameau sauvage, que obtuvo el premio de Flore en 1997, se adentró en casos criminales con libros como Sulak, sobre el delincuente Bruno Sulak, La petite femelle y La Serpe, con el que ganó el premio Fémina en 2017. Su método combina la investigación documental con una voz narrativa personal, digresiva y cargada de ironía, lejos de la reconstrucción policial aséptica. En esta ocasión, el escritor se aproxima al expediente como quien vuelve a una habitación cerrada durante años, dispuesto a examinar cada detalle que otros dieron por irrelevante y a devolver a la víctima algo más que un nombre asociado a una muerte violenta.

La tercera finalista es Clémentine Mélois, que presenta Choses que je croyais perdues, publicada por L’Arbalète, sello de Gallimard. La novela comienza con una mudanza después de una separación sentimental. Mientras prepara las cajas, la protagonista se encuentra con objetos que parecían insignificantes y que, sin embargo, conservan fragmentos de su pasado. Cada cosa despierta un recuerdo, una escena de infancia, una relación, una alegría o una pérdida, hasta que el inventario doméstico termina convirtiéndose en una exploración de la memoria y de las huellas que dejan los demás en nuestras vidas.

Artista plástica y escritora, Mélois ha construido una obra en la que conviven el juego literario, la observación de lo cotidiano y una particular capacidad para encontrar significado en aquello que suele pasar inadvertido. Formó parte del Oulipo, el movimiento francés asociado a la experimentación formal y a las restricciones creativas, y llamó la atención con Cent titres, un libro que parodiaba mediante imágenes las convenciones de las cubiertas editoriales. En 2024 publicó Alors c’est bien, una obra dedicada a los últimos días de su padre, el escultor Bernard Mélois. Su nueva novela cambia el duelo familiar por la ruptura amorosa, aunque mantiene una preocupación semejante por la desaparición, los recuerdos y la capacidad de los objetos para preservar una vida que ya no existe tal como la conocimos. En su aparente sencillez se esconde una pregunta de mayor alcance sobre qué queda de nosotros cuando empezamos a recoger nuestras pertenencias y a cerrar una etapa.

Sylvain Prudhomme completa el cuarteto con De l’autre côté du lac, publicada por Minuit, una novela que se adentra en un paisaje de alta montaña para levantar una historia de suspense y aislamiento. En las proximidades de un lago y junto a una reserva natural de acceso prohibido a los seres humanos trabaja un grupo de investigadores. Una fotógrafa descubre algo en una de las laderas que escapa a la mirada de sus compañeros. Después empiezan a acumularse señales extrañas, aparece un cadáver y la mujer decide permanecer allí, sola. Meses más tarde, también ella desaparece. A partir de esa sucesión de acontecimientos, Prudhomme explora el atractivo de lo salvaje, el deseo de escapar de las fronteras impuestas por la sociedad y la búsqueda de una existencia que parezca más verdadera lejos del ruido del mundo.

Nacido en 1979, Prudhomme pasó parte de su infancia en distintos países africanos, una experiencia que ha contribuido a alimentar su interés por los territorios, las vidas desplazadas y las formas de relación con lo desconocido. Ha publicado una decena de libros y obtuvo el premio Fémina en 2019 por Par les routes, novela sobre la amistad, los viajes y la libertad asociada a una vida nómada. En títulos posteriores, como L’Enfant dans le taxi y Coyote, volvió sobre la memoria familiar y las fronteras físicas y simbólicas. En su nueva obra, el paisaje no funciona como un simple decorado, sino como una fuerza que modifica la conducta de los personajes y pone a prueba sus certezas. La desaparición se convierte así en algo más que un enigma policial, una invitación a preguntarse qué ocurre cuando alguien deja de aceptar las reglas de la vida que llevaba.

La decisión final del jurado tendrá lugar el martes 3 de noviembre y pondrá fin a una carrera que ha ido estrechándose desde la primera selección. El Goncourt no es solo uno de los premios literarios más prestigiosos de Francia, sino también un acontecimiento capaz de alterar la trayectoria comercial de un libro y de proyectar a su autor mucho más allá de los lectores habituales. La edición de este año llega, además, después de la polémica que rodeó a C’était ça ou mourir, de Thélyson Orélien, por las sospechas sobre el uso de inteligencia artificial en su elaboración, un episodio que ha añadido al debate literario una discusión sobre la autoría y los límites de la creación.

Los cuatro finalistas representan caminos distintos para contar el presente y mirar hacia el pasado, desde las aulas y los objetos domésticos hasta los archivos de un crimen o la soledad de una montaña. La Academia Goncourt deberá decidir cuál de esas miradas merece la banda roja que, cada otoño, transforma una novela en uno de los títulos más visibles del mercado editorial francés.