Pedro Sánchez dedicó este lunes buena parte de su declaración institucional a explicar qué España cree haber construido durante sus años de Gobierno y qué España quiere seguir construyendo si los ciudadanos vuelven a confiar en él. Habló de crecimiento económico, empleo, desigualdad, servicios públicos, transición energética, Ucrania, Europa, Oriente Medio y, de manera especialmente insistente, de vivienda. La palabra apareció cuatro veces en su intervención. Ceuta, en cambio, no apareció ninguna.
No es un detalle menor si se observa el momento político en el que se produce la convocatoria electoral. La vivienda se ha convertido durante las últimas semanas en uno de los grandes asuntos de la agenda nacional, con la acampada de la Puerta del Sol como expresión más visible de una protesta que ha llevado el problema del alquiler y del acceso a una vivienda al centro de la conversación pública. La propia acampada ha recibido con escepticismo el adelanto electoral anunciado por Sánchez y algunos de sus participantes han interpretado que la movilización ha podido influir en la decisión del presidente.
Ceuta, mientras tanto, ha recorrido el camino contrario. Hace apenas unos días la ciudad autónoma volvía a estar en el centro de la discusión política por las investigaciones sobre la crisis migratoria de mayo de 2021 y por las declaraciones del presidente ceutí, Juan Jesús Vivas, ante la Audiencia Nacional, en las que sostuvo que Moncloa había minimizado la gravedad de aquella situación. El propio Sánchez ha defendido públicamente la actuación de su Gobierno y ha negado que faltara comunicación con Ceuta en los días previos a la entrada masiva de inmigrantes.
A nadie se le escapa que no mencionar Ceuta ni en una ocasión en los nueve minutos y seis segundos que dura su alocución no responde a un olvido y lo que ahce es reforzar las teorías que le acusan de usar la acampada de Sol para intentar tapar la vergüenza de Ceuta.
Pero nada de eso apareció esta mañana en el relato electoral del presidente. No hubo Ceuta, ni Melilla, ni Marruecos, ni frontera, ni inmigración. Tampoco hubo referencias a la crisis de 2021. En cambio, Sánchez sí habló de vivienda cuando enumeró los recursos transferidos a las comunidades autónomas, volvió a hacerlo al reivindicar las medidas aprobadas por su Gobierno y regresó al asunto al admitir que todavía quedan problemas por resolver, entre ellos «el acceso a la vivienda».
La selección resulta políticamente significativa porque la vivienda no es un asunto cualquiera en el momento en que Sánchez decide convocar elecciones. El Congreso acababa de rechazar los decretos impulsados por el Gobierno en esta materia, una derrota que ha acelerado el final de la legislatura. Y las protestas de Sol han conseguido colocar la vivienda en un terreno especialmente favorable para la izquierda: un problema social que permite al Ejecutivo presentarse como defensor de los inquilinos frente a propietarios, especuladores y una derecha que Sánchez identifica con el retroceso de derechos. RTVE describió precisamente la vivienda como uno de los ejes centrales de su discurso y vinculó el asunto con las protestas que han encendido la calle durante las últimas semanas.
Lo interesante empieza cuando se mira hacia el otro lado de la agenda. Porque la inmigración, la frontera y Ceuta no son cuestiones que hayan desaparecido de la realidad española. Simplemente han perdido protagonismo en el discurso presidencial. Y ahí adquiere sentido aquella expresión que empieza a circular estos días sobre el desplazamiento de la atención «de Ceuta a Sol»: no porque pueda demostrarse que una cosa haya sido creada para ocultar la otra, sino porque resulta difícil ignorar que el centro de gravedad de la conversación política ha cambiado en muy pocos días.
La coincidencia es especialmente llamativa porque los dos asuntos producen efectos electorales muy diferentes. La vivienda moviliza a una parte del electorado progresista, especialmente entre jóvenes e inquilinos, y permite a Sánchez plantear una elección entre políticas sociales y el supuesto retroceso que atribuye a la derecha. La inmigración, en cambio, es uno de los terrenos donde la izquierda encuentra mayores dificultades electorales y donde las posiciones de la derecha y de Vox conectan con una preocupación social que el Gobierno prefiere responder desde la gestión antes que convertir en uno de los ejes de una campaña.
No hace falta atribuir a Moncloa una operación para comprender la lógica política del cambio. En política, como en periodismo, también importa aquello que se decide colocar en primer plano y aquello que se deja fuera del encuadre. Sánchez ha decidido acudir a las urnas hablando de una España que crece, que crea empleo, que protege sus servicios públicos y que necesita más vivienda, mientras presenta como alternativa una eventual coalición de la derecha y la ultraderecha. Ceuta no forma parte de ese relato.
Y resulta difícil no reparar en ello cuando la propia oposición ha situado la ciudad dentro de su balance de la legislatura. Cayetana Álvarez de Toledo la incluye entre los sesenta reproches que dirige al presidente, mientras Vox también ha incorporado Ceuta a sus críticas al Gobierno tras la convocatoria electoral. La cuestión fronteriza, por tanto, no ha desaparecido de la campaña: ha desaparecido del discurso con el que Sánchez ha decidido iniciarla.
Hay una diferencia importante entre ambas cosas. Que el presidente no mencione Ceuta no demuestra que quiera ocultarla. Pero sí permite afirmar que, al seleccionar los asuntos sobre los que quiere pedir una nueva mayoría, ha preferido hablar de vivienda antes que de inmigración, de desigualdad antes que de frontera y de derechos sociales antes que de la crisis que durante los últimos años ha convertido a Ceuta en uno de los puntos más sensibles de la frontera exterior de España y de la Unión Europea.
Quizá por eso aquella frase sobre utilizar Sol para tapar la vergüenza de Ceuta comienza a adquirir forma como hipótesis política, aunque todavía no como hecho demostrado. La cuestión no es saber si alguien ha ordenado que una acampada sustituya a otra preocupación, sino comprobar qué asuntos consiguen ocupar el centro del escenario cuando se acerca una cita electoral y cuáles quedan fuera de la fotografía.
Esta mañana Sánchez eligió su fotografía. En ella había vivienda, desigualdad, servicios públicos, Europa, paz, feminismo, transición energética y una advertencia contra la «ola ultraderechista». También había una petición de mayoría progresista más amplia. Ceuta, sencillamente, no estaba en el encuadre.
